lunes, 29 de septiembre de 2014

Las guerras de Maduro



Estamos viviendo las penurias de la Nicaragua de los  80 del siglo pasado: inflación, desabastecimiento, polarización y un ejecutivo omnipotente. Allá Reagan, a la cabeza del gobierno más estúpido de la historia americana, organizó y financió un guerra de verdad contra el FSLN, lo que justificó los no pocos dislates en la conducción económica de ese país centroamericano, muchos de ellos consecuencia de los consejos de Fidel, eso ogro vanidoso e intervencionista.

A pesar de que nuestra mortandad es superior, no sé de estudios sobre su incidencia en la desastrosa situación que padecemos. No encuentro conexión causa-efecto entre el portugués desmembrado en San Martín y el aumento brutal del precio de la cebolla en plena temporada, por ejemplo. Maduro, carente de épica, le ha dado por explicar su naufragio con una ristra de guerras, a cual más estrambótica. 

La inflación más alta del mundo no obedece a la política cambiaria, tal vez porque no existe, sino a la guerra económica desatada por los acaparadores del año pasado, derrotados en los campos de Daka, y a los bachaqueros que sucumben a las tácticas de guerra de cuarta generación que libra Padrino López contra sus infiltrados en la GNB.

La caída de la popularidad de Nicolás no obedece al descontento que su pésima gestión ocasiona, sino a una guerra mediática internacional orquestada en los laboratorios de guerra sucia del imperio, a pesar de que Obama no le manda ni una postal de Pascua. Hay que reconocer que eso de comprar los medios en vez de cerrarlos, es un aporte en la lucha del totalitarismo contra la libertad de expresión: a Rayma no la amordazaron, la botaron del trabajo.

La crisis en la salud no obedece a que la corrupción nos dejó sin un dólar para importar insumos y medicamentos, sino a la guerra psicológica que creó Einsenhower en la Segunda Guerra Mundial.  Más que una guerra psicológica parece que presenciamos un caos neuronal, ya que pretende librar batallas judiciales contra Times-Warner, Hachette y todas las grandes corporaciones de noticias del mundo. 

Pareciera que le sobrara tiempo y no hallara en que gastarlo. Si no supiésemos que saldrá del default externo ahogándonos en miseria, que está aplicando un paquetazo por gotas para que no se le termine de dividir el saco de alacranes ese llamado PSUV, que es prisionero o cómplice de los tracaleros del cambio múltiple o que se sostiene sobre la militarización de la gestión pública; uno lo encontraría tan divertido como Tartarín de Tarascón, el personaje de Duadet.  Solo que eso es como encontrar refrescante la brisa que siente en su rostro el que cae por un barranco.

Aquí lo que hace aguas es el barco del socialismo del siglo XXI, ese donde embarcaron las  esperanzas de redención social de muchos venezolanos. Ante tanta locura guerrerista, levantemos las banderas de la paz. Hay un espacio grande  para que avancen los destacamentos de la democracia. Parafraseando a Roque Dalton,  la Unidad es un Atamel del tamaño del sol.

@rricardorios1

1 comentario:

Mary Pérez dijo...

Las locuras que acaban con un país por empenarse en un modelo anacrónico donde la excusa son guerras para no aceptar que perdieron el rumbo de la economia,seguridad salud y hoy los venezolanos quedamos sin calidad de vida!